ESCOPOLILIA Y COMACACHO

By limboctante

octubre 26, 2009

Categoría: Uncategorized

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Armando no los había visto desde el desayuno y por esa razón subió a la azotea para buscarlos. Sobre la cuadrada plataforma de cemento no había nadie a excepción del pequeño carro amarillo de pedales con el que jugaba a recorrer la ciudad que vislumbraba desde las alturas cuando estaba solo. Sin Escopolilia y Comacacho aquel lugar se sentía terrorífico, así que para atraer las ausencias, decidió sentarse en el vehículo y comenzar a pedalear sin descanso.
Le gustaba especialmente jugar con Escopolilia, porque era pequeña y podía esconderse a su lado debajo de la cama para encender la calculadora perdida de papá y asombrarse con la luminiscencia de su pantalla y sus extraños símbolos. También le gustaba porque era la única que se atrevía a abrir los regordetes libros de la biblioteca para rescatar con un círculo de crayola rojo, las letras A mayúsculas que se perdían entre las infinitas líneas ordenadas de sus hojas. Lo contrario ocurría con Comacacho que nunca le prestaba atención y siempre interrumpía los divertimentos de su amiga, para llevársela a las lejanías de la azotea a curar los osos de peluche que sobrevivían de los accidentes planificados que ocurrían entre el juguete de pedales y las paredes duras de aquel lugar. Armando imaginó entonces el aburrimiento de la pobre Escopolilia con aquellos salvajes juegos, y comprendió el significado de su existencia. En medio de aquel pedaleo vertiginoso sobre el carro amarillo, Armando escuchó la voz delgada de su amiga que lo llamaba desde la calle. Abajo, junto a papá y mamá, Escopolilia y Comacacho vestían uniformes a cuadros con un escudo tejido sobre el pecho. El niño, como siempre, no se percató de la presencia de Armando en la azotea. Ella, por el contrario, más hermosa que nunca, se despedía con la mano de su amigo imaginario como si nunca más fuera a volver a jugar con él, una vez hubiera vuelto de su primer día de colegio.

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2 respuestas a “ESCOPOLILIA Y COMACACHO”

  1. Genial. Las diferencias infantiles de un par de hermanos y el asombre de su padre

  2. Es un relato precioso, puedo imaginarme aquel escenario perfectamente ilustrado y me recuerda esa necesidad de compañia y compatibilidad en mi niñez.

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